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Cuando Ayuda en Acción y Chickenbrainken nos contactaron tenían un sueño: querían que los alumnos del Colegio Pío XII formaran una banda de rock. ¿El motivo? Promover la integración y disminuir el absentismo y la deserción escolar. En resumen, la clave de este programa consistía en generar nuevas oportunidades para niños en riesgo de exclusión.

Nuestro principal objetivo era generar una sala de ensayos que hiciera posible tocar instrumentos de rock en el día a día del colegio. Pero aún es más, queríamos transportar a los niños a un nuevo Universo propio. Huyendo de los usuales códigos estéticos ligados a entornos educativos, soñamos una burbuja acústica que, además de proveer las necesidades técnicas necesarias, ayudara a crear un entorno nuevo en que los prejuicios se quedaran en la puerta.

Ubicada en una sala de almacenaje, la intervención se definió a través de 3 claves: su materialidad, la paleta de color y la sección. Teniendo muy pocos recursos, decidimos utilizar colchonetas desechadas para acondicionar el espacio acústicamente. Una piel suave y colorida a base de moqueta de feria, definió el look&feel.

Por otra parte, al modificar la sección de la sala, generamos una nueva geometría que integraba las instalaciones existentes en el diseño al tiempo que aportaba la deseada atmósfera, juguetona e icónica, que los niños merecían.

La cercana colaboración con el equipo de la escuela fue fundamental para hacer el proyecto realidad. Sin su energía, generosidad y ganas de generar un impacto, nada de esto existiría. Porque los sueños son, al fin y al cabo, el motor de cambio más potente que conocemos.

Queríamos crear un espacio para soñar. Una cápsula que tuviera, de algún modo, el poder de transportar a sus usuarios a un nuevo contexto.

Y dado que los niños son sensibles y fascinantes, teníamos un reto extra: generar un imaginario estético acorde con sus capacidades y sensibilidad.

Modificar la sección del espacio fue la clave principal para resolver la propuesta, tanto a nivel funcional como en lo relativo a look&feel. Nos permitía mantener las instalaciones preexistentes sobre la sala al tiempo que disminuía la reverberación acústica.

Por otra parte, la nueva forma del techo y el uso envolvente del color, generaron una percepción completamente diferente del espacio, ascendiéndolo de categoría de sala de almacenaje a espacio-desconocido-por-ahora.

Desde que fue construido, multitud de niños aprenden a tocar un instrumento cada año en esta sala, y varias bandas son creadas.

Y sí: todas tienen flow.

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